Femen es acosada por los servicios secretos de Marruecos

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Días después de mi llegada a Madrid me dispongo a dar un testimonio completo acerca de todo lo que ocurrió en Marruecos a raíz de la acción de FEMEN contra la homofobia en este país.

Era sábado cuando aterricé en aeropuerto de Rabat-Salé, a eso de las diez de la noche hora local. Volaba desde Madrid, después de haber estado toda la semana presentando el recién publicado Manifiesto FEMEN en español. Viajaba a Marruecos con el fin de participar en una acción que tendría lugar en la Torre de Hassan contra la homofobia. Una protesta topless donde dos activistas de FEMEN se darían un beso para denunciar el encarcelamiento de homosexuales en el estado marroquí y el artículo del Código Penal 489 que establece la homosexualidad como delito.

Mi pasaporte emitido ya hacía un año, se encontraba perfectamente en regla para viajar y pasar los controles. Así fue. Era la primera vez que visitaba el país y por lo tanto no tenía ningún antecedente que en principio dificultara mi entrada.

Una vez en el aeropuerto me encaminé hacia la residencia que habíamos alquilado para permanecer en Rabat hasta el martes, día en el que la acción sería llevada a cabo. A la mañana siguiente, el domingo, cuando me disponía a salir por la puerta del edificio a eso de las once y media de la mañana dos hombres me interceptaron. Dos hombres de estatura media, uno más alto que otro. Calculo que tendrían entorno a unos cincuenta años. Me saludaron en árabe, siguieron dirigiéndose a mi en francés. Ellos me explicaron que habían recibido un aviso del aeropuerto, me pidieron mi pasaporte y revisaron mis datos. Me preguntaron sobre toda la información que figura en el documento y si estaba sola -respondí tajantemente sí-, supongo que con el fin de confirmar mi identidad. Una vez finalizaron su revisión, uno de ellos me dijo “sepa que en Marruecos se ha de respetar la ley, si la incumple existen consecuencias”, a lo que yo contesté que lo sabía y que me encontraba allí tan sólo como turista.

Evidentemente mi misión era preservar el éxito de la protesta. Había entrado al país como una turista más y aunque realizase mi acción junto a otra activista esta información podría haber puesto en peligro el desarrollo de la protesta incluso habiendo sido llevada a término por otras dos compañeras francesas diferentes.

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Sabía que podían mantenerme vigilada, sin embargo no me pareció para tanto como para paralizarme. Decidí actuar con normalidad, pasear por las calles del centro de la ciudad, tomar un café, intentar acercarme a la Torre de Hassan donde se realizaría la fotografía en martes. Pero ambos agentes se mantuvieron cerca de mí… Esa misma tarde, mientras caminaba por las tiendas del mercado de la medina, fijaba mi atención en una tienda que vendía productos de artesanía. Fue entonces cuando sentí que me agarraban de un brazo desde atrás. Pensé que alguien intentaba robarme. Pero no, eran de nuevo esos dos hombres. Ahora eran ambos los que me tomaban fuertemente por los dos brazos, sonrientes me invitaban a acompañarles. En ese momento sabía que conocían mi pertenencia a FEMEN, que querían saber más.

Cabe destacar que en ningún momento ninguno de ellos se identificó o mostró algún signo de pertenencia a la policía, el ejército, el gobierno o similar… Aún así, era claramente evidente que se trataba de los servicios secretos del país.

Me limité a colaborar, en aquella situación, donde estaba sola, en un estado no-democrático lo que menos me convenía era empeorar las circunstancias. Asi que caminé con aquellos dos hombres, que mientras caminaban me preguntaban que qué estaba haciendo, que debía acompañarles para contestar a unas preguntas más. Un recorrido por calles estrechas y copadas de gente, donde ni una sola persona se percató o se extrañó de aquella imagen… Lo que me lleva inevitablemente a pensar en lo común de este tipo de prácticas. En el miedo que existe al enfrentamiento a la autoridad, ya esté vestida de paisano o porte uniforme.

Frente a un portón de madera, abren la puerta. Era un bajo, con apariencia de haberse tratado de una especie de almacén. Olía a humedad, dentro pocos muebles más que unas estanterías de almacenamiento metalizadas, unas sillas y una mesa. Me hicieron sentarme, y comenzaron a interrogarme. Recuerdo muy bien que volvieron a pedir mi pasaporte, volvieron a preguntar todos mis datos. Incluso llegaron a preguntar mi número de pasaporte. Contesté que no lo sabía de memoria. Mientras uno de ellos lo miraba una y otra vez, el otro me preguntaba “¿Por qué estás aqui? ¿Con quién estás? ¿Esperas a alguien? ¿Qué haces en Marruecos?” Preguntas que respondía con ” He venido como turista, soy estudiante. Sola, no estoy con nadie. Vuelvo a repetir que he venido para hacer turismo”. Mi versión se limitaba a no desvelar ningún detalle o información sobre la acción.

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Insistieron repetitivamente en saber por qué estaba allí, cuál era mi objetivo. Yo daba una y otra vez la misma respuesta hasta que comenzaron con el interrogatorio que realmente les interesaba, acerca de FEMEN: cuál es mi posición dentro de la organización, de nuevo por qué viajaba a Marruecos, cuánto tiempo llevaba en FEMEN… Contestaba sin esconder quien era, una activista de 22 años que aunque perteneciese a dicho movimiento no había cometido ningún delito en su territorio. Puesto que no obtenían al parecer suficiente información, me hicieron sacar mi teléfono móvil. Pidieron que abriera mis sms, email y aplicaciones de mensajería instantánea. Evidentemente esperando que estos mensajes pudiesen servir para seguir la pista de la protesta, fueron eliminados previamente. Tan sólo hubo un email donde se podía leer “¿Vendrías con una de nosotras a hacer una foto a Marruecos para protestar por los derechos gays?”. Entonces comenzaron a pedir detalles: Cuándo iba a ser, dónde, quiénes lo harían, cuántas de nosotras… Un hecho que me llamó la atención fue que me pidieron traducirlo, y yo lo hice entendiendo que aquel email no demostraba nada.

Ante su insistencia por saber todos los entresijos de la acción, callé. Dije que no hablábamos de una protesta sino de asuntos personales, repetía que no había hecho nada y que quería irme. Callaron, y me pidieron que me levantara. Me sacaron de allí y me condujeron hacia un coche, donde otro hombre se unía a ellos. En ningún momento me esposaron, pero sí me llevaban agarrada constantemente. Iba en la parte de atrás, miraba hacia abajo. Buscaba la oportunidad de enviar un sms a alguna compañera para informar de que “algo no iba bien”, pero estaba bajo la mirada de mi acompañante todo el tiempo.

Después de un viaje de unos diez minutos, el coche se paró. Me bajaron del coche, ellos primero, yo la última. Desconocía donde estaba, no conocía nada de Rabat, sólo sé que me hicieron entrar en una oficina. No una comisaría ni una dependencia oficial propiamente dicha. Era una oficina donde había otro hombre que esperaba sentado y que se levantó para saludar a los otros tres. Me dijeron que me sentara, éste último empezó a preguntarme todos mis datos. Cansada le proporcioné mis datos personales. Llegó a interrogarme sobre cosas como si mis padres estaban casados, cuáles eran sus profesiones, qué estudios tenía, si yo estaba casada o soltera, y qué religión profesaba – pregunta estúpida tratándose de una activista FEMEN…-.

Una vez este cuestionario hubo terminado no tuve que firmar nada, ni apareció ningún papel. El hombre que me había interrogado esta vez, puso ambas manos entrecruzadas sobre la mesa y dijo “Tienes que irte, si no te vas retendremos tu pasaporte”. Yo les dije que tenía prevista mi vuelta para el martes, incluso les especifiqué la hora. Pedí llamar a la embajada pero él redirijió la atención “Tienes que irte”. Yo no podía irme, no había vuelos, tenía que intentar permanecer allí para participar en la protesta. “Si no te vas retendremos tu pasaporte, ahora vete”.

Los dos hombres que me habían interrogado por primera vez me sacaron a la calle, y sin mediar palabra me dejaron en un cruce. El primer taxi que pasó por allí fue el que tomé “al centro de la ciudad”. Del centro, cogí otro taxi a la residencia que teníamos alquilada. Allí comuniqué todo lo ocurrido a FEMEN Internacional. Decidimos que no participaría en la protesta, era peligroso y seguirían vigilándome. Eso estaba claro.

También que no comunicaríamos nada hasta que volviese a España por motivos de seguridad. Después de este episodio temíamos que algo peor pudiese ocurrir. Así tomé la decisión de permanecer cerrada en el domicilio los dos días que me quedaban en Rabat. Durante esos dos días, llamaban a la puerta fuertemente, un coche gris plata se mantenía durante horas frente a la residencia y daba vueltas para volver a estacionar en la calle.

El martes abandoné Rabat para ir al aeropuerto en taxi. Mi vuelo no salía hasta la noche asi que tuve que pasar todo el día allí. Mientras esperaba, conocí la noticia: Dos activistas de FEMEN habían realizado la acción. En principio no fueron detenidas, pero finalmente fueron detenidas por la policía en el control policial de vuelta en el aeropuerto Rabat- Salé.
*

He de decir que en el control de pasaporte de vuelta no encontré ningún impedimento, embarqué y volví a España con normalidad.

En miércoles todas las páginas de FEMEN en Facebook lanzaban un comunicado sobre lo ocurrido durante mi estancia en Marruecos. Las dos activistas francesas eran deportadas a París. Todas volvíamos a nuestro país. Estábamos seguras para difundir y denunciar el régimen totalitario del país: la persecución, el acoso, la presión psicológica, y por supuesto lo que nos había llevado allí, la violación de los Derechos Humanos y el encarcelamiento de homosexuales. La defensa de que el amor nunca puede ser ilegal.

Ahora, ya en Madrid, me encuentro con que desde fuentes internacionales (marroquíes y francesas) Hassad pide al Ministerio del Interior español que certifique cómo yo pude acceder al territorio marroquí mediante pasaporte. El gobierno de Marruecos sostiene que yo había sido expulsada del país el 22 de Mayo y que habría empleado otro pasaporte. Sin embargo el nombre que citan ni si quiera es el mío. Una tal Laia Carreras, esa es la supuesta activista de FEMEN (mujer que desconocemos y no tiene nada que ver con nuestro movimiento) a la que habrían deportado previamente.

Algo está claro, mi pasaporte está en regla, cuenta con ambos sellos de control de visado donde figura la fecha de entrada y salida en Marruecos. Su versión no coincide con los controles del aeropuerto emitidos por las autoridades pertinentes… Citan otro nombre que no es el mío… Quizás sea nuestro gobierno el que deba examinar sus relaciones con el gobierno autoritario marroquí y por qué se persigue y secuestra arbitrariamente a ciudadanas españolas por medio de policía secreta, vayan o no a protestar en defensa de la libertad y la igualdad.

España, un estado donde el matrimonio homosexual es un derecho conquistado hace años, no demuestra mucha coherencia estableciendo estrechas relaciones con un estado que pena con años de cárcel la homosexualidad.

Mientras, el Ministerio del Interior de Marruecos juega a la desinformación, intenta confundir a medios de comunicación nacionales e internacionales y distraer la atención sobre el foco del problema: la discriminación y encarcelamiento de seres humanos por el mero hecho de amar. Tachando la homosexualidad de algo contra-natura. Postura derivada y respaldada de la fuerte relación del gobierno con la religión. ¿Quién habla entonces de progreso, evolución, respeto o tolerancia?

(*) Texto escrito por Lara Alcázar, Líder y fundadora, FEMEN en España para el Huffington Post.es

Via: elmostrador.cl


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