Feminismo revolucionario

TODO lo extraordinario, cuando se repite frecuentemente, se convierte en ordinario. Éste es el problema de Femen, la ordinariez, por pretender escandalizar en este país, uno de los más progresistas del mundo desde antes de Zapatero. Ya al final del franquismo, en 1974, se consideró como un avance transgresor que Victoria Vera mostrara los pechos en una obra teatral de Antonio Gala en Madrid; o al principio de la Transición, en 1976, que Marisol posara en la portada de Interviú. Pero el asunto derivó hacia lo ordinario, a partir de que Susana Estrada fue fotografiada exhibiendo un pecho junto al entonces alcalde madrileño Enrique Tierno Galván, hombre de por sí serio y formal, que se quedó de piedra. Han pasado casi 40 años. Hoy, en las playas andaluzas (en unas más que en otras), se ven top less por centenares en verano. La diferencia es que no reivindican nada, ni salen en los mass media.

Llega un momento de confusión para el feminismo revolucionario. Si unas gachís muestran sus pechos en la tribuna del Congreso de los Diputados cuando habla el ministro Alberto Ruiz-Gallardón, el gesto sólo sirve para dejar cosas al aire. Para empezar, la vergüenza de ellas mismas, al sacralizar y hacer proselitismo del aborto, que no todas las mujeres sienten de la misma manera. Pero, además, el debate posterior se ha centrado en cuestiones como si estas feministas son machistas y sexistas, pero no por lo que hicieron, sino porque están de buen ver y no son mujeres barbudas. Hay feministas que las critican porque parecen actrices del tipo de Cicciolina joven. Y hay hombres que dicen que es por envidia, al haber demostrado Femen que una buena operación Biquini era posible. El mensaje queda así muy diluido, por no decir que sirve de cachondeo.

España no es como Ucrania ni como Túnez, donde los espectáculos tuvieron más éxito. Pero es cierto que les hacen el juego. El sábado, en el barrio de las Maravillas madrileño, otras muchachas se asoman a un balcón en toples, para reivindicar algo, y a los pocos minutos aparecen en las portadas digitales de algunos diarios. Evidentemente, si hubieran sido tres fulanos con matojos de pelo en pecho, a ningún diario digital se le ocurre publicarlo, y no ven las fotos ni sus abuelas en Facebook.

La conclusión de todo esto es que hay mucho machismo feminista, incluso en los mass media. Y ellas lo saben, y se aprovechan, y disfrutan sus minutos de gloria.

Via: granadahoy.com


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The mission of the "FEMEN" movement is to create the most favourable conditions for the young women to join up into a social group with the general idea of the mutual support and social responsibility, helping to reveal the talents of each member of the movement.

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