Feminismo: una lucha de clases sexuales

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Durante décadas las feministas han sido acusadas de feas, masculinas, resentidas, peleonas y asexuadas. Todo ese estereotipo se acabó en 2008 cuando insurgió Femen , un colectivo de universitarias ucranianas preciosas que podrían confundirse con top models y que comenzaron a realizar protestas topless en lugares públicos.
Bueno, ya nadie puede decir que las feministas son feas o asexuadas, pero siguen igual de peleonas, porque estas chicas con sus consignas escritas sobre la piel desnuda, irrumpen en el Louvre, el Vaticano o el Congreso español gritando a voz en cuello sus consignas de manera repetitiva e insistente cual mantra diabólico, hasta que la policía pretende desalojarlas, entonces ellas se lanzan al piso se retuercen, patalean y se prenden de cualquier persona, animal o cosa para no ser llevadas a rastras. Y todo esto, recordemos, bastante desnudas. Son muy lindas, pero el espectáculo que ofrecen no es muy glamoroso que digamos.
Ellas son las feministas más famosas y, aunque su mayor área de influencia es Europa, ya se han creado grupos Femen en varios países del mundo, como México o Brasil. En Venezuela quisieron fundar un capítulo de la organización, pero las organizadoras ucranianas exigían que estuviera conformado por chicas mayores de edad con senos naturales y aparentemente en nuestro país esas condiciones ya no ocurren simultáneamente.
De las Sufragistas y del poder sexual
Femen es heredera de una lucha feminista que comenzó alrededor del mundo hace relativamente poco, a mediados del siglo XIX, con la labor de las "Sufragistas" , cuyo ciclo se cerró después de la II Guerra Mundial, cuando en casi todos los países reconocieron el voto para la mujer. Las nuevas feministas continuaron luchando por más derechos igualitarios. A veces lo olvidamos, pero para que entendamos lo sometidas que estaban las mujeres antes del siglo XX es bueno reparar en actividades que hoy nos parecen elementales, pero que entonces estaban literalmente prohibidas para las féminas, como el acceso a los estudios, cuenta bancaria propia, decidir con quién casarse o poder exigir el divorcio. Por cierto, hay países donde todavía no tienen esos derechos.
Para los años 60, en el mundo occidental ya estaba establecido el principio de igualdad cívica y salarial para la mujer. Solo en principio, porque al final los hombres seguían (siguen) mandando y ganando más. Las feministas de entonces se plantearon nuevas metas y, aunque se trataba de grupos muy heterogéneos, coincidieron en apuntar sus demandas hacia un área un tanto más erógena: sus derechos sexuales y reproductivos. No solo con respecto a tener orgasmos, sino cuándo, cómo, con quién(es) y, sobre todo, a no tenerlos con el fin único de parir muchachos como conejas. Sucedía, pues, que a partir de la independencia sexual se desprendían los demás derechos individuales como mujer.
Hay que entender que la historia del feminismo, en esencia, es una lucha de clases sexuales. De identidad sexual y de propiedad individual de la sexualidad. La dominación del hombre sobre la mujer no se construyó sobre un debate intelectual, sino por la razón de la fuerza. Como el hombre es físicamente más fuerte, con darle una hostia a la greñuda de turno tenía para determinar por qué en la cueva se hacía lo que el cavernícola macho gruñía.
Una moral parcializada
Y cuando fue necesario darle un apoyo ideológico al asunto, solo hubo que echar mano de la religión. Así vemos que en la inmensa mayoría de las religiones, el dios masculino es más poderoso que las diosas femeninas. Pero el Oscar al mejor guión, dirección y actuación masculina se lo lleva, como siempre, una producción con capital judío. En la Biblia podemos leer, con peso de ley divina, las razones por las cuales las mujeres son seres subalternos a los hombres y la manera como deben someterse a nosotros. El Nuevo Testamento intentó mejorar un poquito esta distorsión, pero solo un poquitico. Finalmente el Corán continuó la tradición y sus secuelas todavía están en cartelera.
La sociedad patriarcal, que reinó en Occidente hasta el siglo pasado y que en muchos lugares sigue vigente, convirtió a la mujer en un patrimonio más del cabeza de familia -un hombre- al igual que una parcela de tierra o unas cabezas de ganado; que eran las propiedades por las que se intercambiaba una mujer en los antiguos matrimonios arreglados.
Para que este sistema funcionara, además de la tradición religiosa, había un elemento emocional muy fuerte que debería estar al servicio de los intereses masculinos: la moral. La mujer siempre fue víctima de su propia virtud. Mientras los hombres salían a parrandear a la taberna, la mujer debía quedarse en casa cuidando la tribu de muchachos que había parido. Paradójicamente, los hombres se veían en la taberna con otras mujeres, sin honor, con quienes se divertían, pero que estaban aisladas y estigmatizadas para el resto de la sociedad.
La sociedad matriarcal es posible
Lo cierto es que con la influencia y participación activa de la mujer durante el último medio siglo, el mundo se ha vuelto al mundo en un lugar mejor. Y si alguien dudara que el poder femenino es extremadamente beneficioso para la humanidad, solo habría que voltear los ojos a la única sociedad matriarcal real que podemos conocer: las Mosuo .
Esta etnia china que ha habitado aislada por milenios en una región de Sechuán, cerca del Tíbet. En el pueblo Mosuo, de unos 40 mil habitantes, solo la mujer tiene derecho a la propiedad y a los hijos. Las familias son clanes regidos por una matriarca y los hombres son siempre hijos que no pueden ser propietarios de una casa. Más que matrimonio, lo que hay es "arrejunte"; que puede durar años, como semanas. Cuando la mujer se cansa del marido, se lo comunica y éste se regresa a casa de su madre. Pero no "con las orejas caidas y el rabo entre las patas", sino relajado, porque ya está en libertad para buscar otra esposa.
¿Las ventajas de una sociedad gobernada sin testosterona? Entre los Mosuo no hay delincuencia, literalmente. No hay una cárcel y en su idioma no existe la palabra violación. A veces me siento a pensar lo estúpidos que hemos sido quejándonos de los problemas del mundo, cuando tenemos una solución comprobada: quitémosle todo el poder político a los hombres y entreguémoslo a las mujeres. Es en serio. De hecho, desde su aparición, la civilización ha sido gobernada por hombres en el 99,9% de los casos. Y ya conocemos los resultados.
El feminismo ha avanzado a pasos agigantados, pero aún tiene camino por recorrer y barreras que derribar. El movimiento actual más que establecer parámetros de una nueva conducta para la mujer, intenta influir en la sociedad desde una perspectiva propia de la naturaleza femenina. Es un movimiento con un carácter más tolerante, universalista, pacífico e interdisciplinario. Incluso algunos temas que fueron estandarte inobjetables, como la lucha contra la prostitución o la pornografía, hoy están en revisión por algunas feministas quienes consideran que la prostitución no tiene que ser, ineludiblemente, una explotación, sino que puede significar una opción de trabajo si es voluntaria. Asimismo, otras feministas ponen en duda que la pornografía sea un entretenimiento exclusivo para los hombres y de hecho ya hay directoras especializadas en películas female friendly .
Hay que reconocer que las feministas de hoy se las traen. ¡Picaronas!
JorgeSayegh@gmail.com

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