Todas contra Putin

El pasado 12 de junio, la disidencia contra el presidente ruso, Vladimir Putin, se manifestó por primera vez desde las protestas que desencadenaron las elecciones legislativas del pasado diciembre, sobre las que activistas, periodistas y electores arrojaron la duda del fraude electoral. Con la sospecha del amaño aún en mente, decenas de miles de personas, entre las 20.000 que reconoció la policía y las 150.000 que aseguró Serguéi Udaltsov, líder del Frente de Izquierdas, se reunieron en Moscú para mostrar su oposición al régimen. El rechazo general al oficialismo hizo posible que caminaran juntos los estandartes color naranja del movimiento Solidaridad, los pabellones imperiales rusos, las banderas ultranacionalistas, las tricolores de Rusia y las rojas con la hoz y el martillo soviéticas. Sin embargo, y a diferencia de manifestaciones anteriores, gran parte de los asistentes no portaba pancartas ni carteles: solo unas cintas blancas en las solapas manifestaban su rechazo al régimen, por encima de su tendencia política.


Protestas en femenino

La manifestación transcurrió sin incidentes, al menos en la avenida Sájarov por la que caminaban los ciudadanos y se oían sus gritos reivindicativos. Era en el otro extremo de la ciudad, en la Sede del Comité de Investigación, donde el régimen ruso mostraba su verdadera cara. Allí eran sometidos a larguísimos interrogatorios de más de ocho horas los principales líderes de la disidencia rusa, tras haber sufrido la misma víspera registros domiciliarios. Así, mientras la presentadora de televisión, y ahijada del mismo Putin, Ksenia Sobchak era retenida por la policía, otra mujer, la ecologista Yevguenia¡ Chírikova, leía el bautizado como "manifiesto de la Rusia Libre", que considera que las actuales autoridades políticas que gobiernan en el país son "ilegales", ya que han "usurpado
el poder" y "falsificado las elecciones".


Son ellas las más firmes contra Putin
, mujeres en decidida oposición al régimen, que no dudan en llevar a cabo acciones radicales y más o menos extravagantes, ideadas para llamar la atención de la comunidad internacional sobre las deficiencias democráticas del Gobierno ruso. Con su ayuda, crece la presión sobre su presidente, que ahora debe vérselas con una oposición unida en un solo partido que puede presentarse a las próximas municipales gracias a la levísima reforma de la Ley Electoral que este llevó a cabo, en parte para relajar los crispados ánimos, tras tomar posesión de un nuevo período presidencial de seis años el pasado mes de marzo. Esta tímida apertura no puede tomarse como un indicador de su nuevo mandato: acto seguido, endureció la ley que castiga a los participantes en manifestaciones, hasta el punto de elevar las multas hasta miles de dólares.

¿Quienes son ellas?

Anastasia Udaltsov: De asistente a cabeza visible

Junto a su marido, Sergei Udaltsov, forma la pareja revolucionaria por excelencia. Representan a la oposición no parlamentaria más radical, que exige la repetición de las elecciones al Parlamento de diciembre y las presidenciales de marzo, así como la puesta en libertad de los presos políticos. Sergei Udaltsov, que está enfrentado con los opositores liberales por sus métodos jacobinos, ha sido condenado en numerosas ocasiones en los últimos años a 10-15 días de arresto administrativo, por lo que ha permanecido ya casi 300 días entre rejas y ha mantenido numerosas huelgas de hambre. Ha sido durante estos frecuentes períodos cuando Anastasia ha cobrado protagonismo, trascendiendo su papel inicial de secretaria de prensa de su esposo, a su representante fuera de la cárcel, enfrentándose a la autoridad con la misma decisión y radicalidad que su marido.

Femen: En topless por una causa

Colectivo ucraniano fundado en 2008 por la economista Anna Hutsol y compuesto por 300 activistas, que se ha hecho internacionalmente famoso por un comando de 20 militantes que se dedica al topless-protesta. Comenzaron a ensayar este tipo de manifestación nudista en su país, bajo el lema "Ucrania no es un burdel", contra el turismo sexual, unas reivindicaciones que se han repetido de cara a la Eurocopa. En Moscú, varias integrantes del comando fueron detenidas en febrero tras manifestarse, a 20 grados bajo cero, frente a la sede de Gazprom, para protestar contra el monopolio de las exportaciones de gas natural. En marzo, trataron de robar la urna donde Putin había depositado su voto, en un acto de protesta simbólico contra lo que consideraron una elección viciada. En enero, Femen se desnudó frente a la catedral ortodoxa del Cristo Salvador en Moscú, con pancartas que decían "Dios expulsa al zar". El colectivo justifica este modo de acción afirmando que es la única vía que tienen para hacerse oír.

Yevgenial Albats: Con la fuerza de la palabra


Doctora y antigua profesora en la Universidad de Yale
, esta veterana periodista es una de las más activas detractoras de Putin desde la dirección de The New Times. Financiado por Irena Lesnévskaya, una empresaria con vocación reformista, la revista ha resistido cinco años a un contínuo tira y afloja con las autoridades rusas. Albats gusta de alumbrar las zonas oscuras de la política de su país tanto en The New Times como en sus libros. A finales de junio, preguntada por el Financial Times acerca de la debilidad del régimen de Putin, afirmó que "el comportamiento del Kremlin muestra los mismos síntomas de decadencia que sufrieron los regímenes autoritarios de Latinoamérica o el sur de Europa en los años 70 y 80".

Pussy Riot: Revolucionarias contraculturales

El pasado 20 de enero, ocho mujeres tomaron la Plaza Roja de Moscú ataviadas con vestidos y pasamontañas, y armadas con guitarras, botes de humo y una bandera. Bajo un frío insoportable, este colectivo, llamado Pussy Riot, realizó una performance en protesta de la intención de Putin de retornar a la presidencia de Rusia. La policía arrestó al grupo, pero fueron liberadas el mismo día. "La revolución la debemos hacer las mujeres. A nosotras no nos encarcelan", declaraba después una de ellas. "Es sexismo, sí. Pero juega a nuestro favor". Hoy, Pussy Riot cuenta con más de 30 miembros, mujeres que suelen mantener en secreto su identidad. "No hacemos distinciones entre arte y política. Para nosotras todo es lo mismo", dicen Tyurya y Garadzha, portavoces del colectivo. Han actuado sobre un tranvía, en el metro y frente a la comisaría en la que estaba arrestado el disidente Alexey Navalny.

Ksenia Sobchak: La militante inesperada

Considerada la Paris Hilton rusa, hija del alcalde de San Petersburgo (íntimo de Putin), afamada presentadora y escritora de éxito, Sobchak pasó de ser la niña mimada del Kremlin a una de las presencias más polémicas de las protestas callejeras. En las manifestaciones invernales declaró: "Mi nombre es Ksenia Sobchak y tengo algo que perder, pero sin embargo estoy aquí". Debido a su activismo, se ha cancelado su programa, por donde habían pasado varios líderes vetados por la televisión oficial, cuando preparaba un encuentro con Alexe Navalny, el bloguero anticorrupción. Durante la Marcha de Millones, como se denominó a las protestas de junio, sufrió un registro domiciliario en el que le confiscaron el pasaporte (a pesar de ser ilegal). La policía, además, informó de que sus ingresos serían revisados por el Servicio de Impuestos, después de que encontraran en su casa más de un millón de euros.

Yevguenia Chírikova: La ecologista díscola

Chírikova es la cabeza visible del movimiento ecologista ruso, detenida en varias ocasiones por sus acciones de protesta. En mayo volvió a sufrir 15 días de arresto por "insubordinación a la policía", por el intento de montar una tienda de campaña en la Plaza Roja. Se trataba de iniciar una acampada al estilo 15-M madrileño, con medio centenar de opositores que protestaban contra el retorno de Putin al Kremlin y los compañeros de Yevguenia, que se manifestaban además contra la tala ilegal de bosques. Fue ella la que puso voz al "manifiesto de la Rusia libre", que considera que las actuales autoridades políticas rusas son ilegales, ya que han usurpado el poder y falsificado las elecciones, y exhorta a una campaña de protestas pacíficas que serán organizadas por un consejo coordinador, elegido mediante votación abierta. El manifiesto pide el cese Putin como símbolo del sistema, nuevas leyes electorales y la elección de un nuevo parlamento, que presentaría a referéndum una nueva Constitución.

Via: hoymujer.com


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